dissabte, 3 de setembre de 2016

Retornar

Retornar.
Al tiempo conocido
del coletazo de verano,
al espacio sagaz
trazado años atrás
por la costumbre, 
por el pasado fugaz,
retornar.

Habitar las paredes de siempre,
ocupar el suelo habitual,
los cielos previsibles,
retornar al hogar.

Archivar el pack del viaje,
disimular el jet lag,
recuperar la normalidad,
pintar cada imagen
con la luz más local,
retener las gotas al sudar,
leer a Padura, 
recordar el sonido de Cuba,
tantas vocales al cantar,
revisar Alejo Carpentier,
Nicolás Guillén,
Lezama Lima,
José Martí, e incluso Graham Green,
la nueva Trova 
i el omnipresente Che.

Los almendrones,
Hemmingway, daikiris
y mojitos,
los escalones de medida desigual,
los ascensores, sin ascender;
las terrazas, las calesas,
los pasteles de merengue,
las felicitaciones a Fidel.

Las lentas carreteras,
la palma real,
los paisajes más verdes,
el cacao del oriente,
y alguna lluvia torrencial.

Caminar por Sierra Maestra
y la del Escombray,
vivir el tabaco y el cafetal,
navegar por los cayos,
recordar los taínos, 
los dioses del agua,
la Bodeguita del Medio,
los colores, los calores y la sal.

Los guajiros y la guajiras,
Guantánamo,
guajira guantanamera,
la salsa, el son y el ron...